Miguel Milián, de emprendedor a director de proyectos en Lanzadera.

 En Lanzadera

Desde que recuerdo, mi entorno siempre me había dicho que el objetivo en la vida era ser funcionario: buen sueldo, trabajar tus horas y muchas vacaciones. Todo acompañado de casarse no muy tarde, hipotecarse para comprar una casa, un buen coche y tener hijos. Parecía que tenía ya un camino fijado sin que nadie me hubiese preguntado qué era realmente lo que yo quería hacer. Este plan nunca me acabó de convencer.

joven emprendedor - lanzadera aceleradora de startups

Tras vivir un año en Suecia vi que las cosas se podían hacer de forma distinta. Allí la mayoría de personas vivían de alquiler, iban en bicicleta a todas partes (el coche no era tan importante), las relaciones profesionales eran muy informales (muchas empresas tenían estructuras horizontales) y cada uno tenía sus propios sueños: ser ingeniero, músico o desarrollar su propio proyecto. De hecho, en la universidad, había una asignatura que se llamaba “Emprendimiento”, cosa que, en España, en aquella época era impensable.

Mi experiencia emprendedora

Al poco de volver, con 24 años, en plena crisis, sin apenas experiencia laboral y con pocos ahorros, decidí salirme de lo convencional y montar mi primera empresa: KAUF vintage, una tienda física de ropa de segunda mano con venta online. Por supuesto, para mi familia era un loco, quemando los pocos ahorros que tenía y renunciando a mi carrera de funcionario. Aun así, decidieron apoyarme y dejarme el dinero que me faltaba para poder empezar el negocio. A día de hoy el proyecto sigue existiendo y desde el primer día fue rentable gracias a trabajar muy duro.

Pasados casi dos años desde que empecé mi primer negocio tenía ganas de hacer más cosas. Quería crear algo grande y escalable, algo que todo el mundo reconociese y pudiese usar. Decidí montar mi segundo negocio en paralelo con el primero, en este caso una startup fintech, Splitfy (antes llamada Regalamos.es), que conseguí comenzar gracias a la incubadora valenciana Demium Startups. KAUF vintage me daba de comer, Splitfy consumía todo mi tiempo, y mi familia se volvía a estirar de los pelos. Lanzamos el proyecto y, tras mucho sufrimiento, pivotajes y aprendizajes, conseguimos cerrar una ronda de inversión con inversores de primer nivel.

Éramos 8 personas en el equipo, el proyecto tenía muy buenas métricas, pero no teníamos modelo de negocio. Esto nos penalizó para conseguir una segunda ronda grande y poner el proyecto en otra división. El equipo tenía que comer (¡qué caprichosos!), pagar facturas… y se nos acababa el dinero. Llevábamos casi 3 años dejándonos la piel por el proyecto y nos quedaba poco aguante. Finalmente, gracias a las buenas métricas, llegamos a un acuerdo para que nos hiciesen una inyección de capital suficiente para garantizar la continuidad del proyecto. El equipo fundador, debido al desgaste acumulado, decidimos salir de la gestión diaria y dar paso a un nuevo equipo excepcional con energías renovadas. A día de hoy Splitfy supera el millón de euros en pagos colaborativos y es líder en el sector fintech.

La recompensa de emprender

Emprender conlleva mucho esfuerzo y sacrificio. Jornadas de trabajo infinitas, noches en vela, presión por parte de los inversores, exigencia para que el equipo esté a la altura de las expectativas, auto exigencia máxima para cumplir los objetivos establecidos… Es un ritmo de vida muy duro que produce desgaste y que afecta también a tus relaciones personales. Pero tiene muchas otras recompensas: Trabajar con gente brillante (gente mucho mejor que tú), conseguir pequeños éxitos que hacen que la empresa crezca día a día, pasar de una idea en un papel a tener una empresa que da de comer a 8 personas, tu primera venta, ver que tu producto aporta valor al cliente, que lo usa de forma recurrente… y esos detalles del día a día son los que hacen que la aventura merezca la pena. Además, tu crecimiento como persona es realmente exponencial.

Mi experiencia en Lanzadera

Tras 5 años de emprendimiento en serie notaba que necesitaba un cambio y que aún tenía mucho por aprender. En el momento en que decidí salir de la operativa de Splitfy apareció Lanzadera y la figura de Director de Proyectos. No me lo pensé dos veces, era lo más parecido a emprender (creo que no sé hacer otra cosa) y podría aprender muchísimo de un modelo de gestión como el que se aplica aquí. Además, me ofrece la oportunidad de llevar distintos tipos de proyectos a la vez de manera que los retos son infinitos y muy dispares. ¡No puede sonar más excitante!

Las dos caras de la moneda

Lo bueno de ser emprendedor es que entiendo lo que los proyectos están viviendo. He pasado por ahí, he sufrido las mismas alegrías y penurias. He cometido muchos errores y eso también me hace valorar todo lo que Lanzadera les ofrece y la magnífica oportunidad que tienen delante. Mi mayor objetivo es que le saquen el máximo provecho a esta experiencia. Yo nunca tuve la oportunidad de entrar en el programa como emprendedor y me hubiese encantado.

Lo mejor de Lanzadera es que hay una metodología clara orientada a las métricas. Tomar decisiones sobre números es fundamental, los “yo creo” solo sirven para ir sin rumbo. También se ayuda a simplificar el producto para que sea el cliente quién diga hacia dónde tiene que desarrollarse. La clave es un producto sencillo y foco en vender desde el primer día.

Si tuviese que dar algún consejo a los emprendedores es que intenten depender lo menos posible de la inversión. Los mejores modelos son los que se sostienen solos, vendiendo desde el primer día. Para los emprendedores de Lanzadera, aprovechad al máximo la oportunidad que tenéis delante. Esto no va de cumplir hitos, va de gente excepcional haciendo cosas excepcionales. Esa es la clave del éxito.

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