Hay startups que construyen en silencio durante meses. Kode hizo lo contrario: construir con la comunidad mirando.
Manuel Quero Carboneras, CEO de Kode, resume su empresa con una idea clara: crear un ecosistema unificado de hardware open source, software y recursos de aprendizaje para que cualquiera (especialmente jóvenes) pueda crear proyectos de electrónica de forma sencilla.
Y los números del salto son bestiales: cuando entran en Lanzadera habían vendido ~32 dispositivos en una preproducción; a enero de ese año ya tenían 11.000 clientes, y seguían creciendo a un ritmo de ~2.000 al mes.
Construir escuchando
Kode no “inventó un problema”. Manuel lo vivía: es ingeniero, le gusta hacer proyectos de electrónica y sabía que no estaba solo. Lo valida de la forma más directa posible: creando contenido en redes y preguntando. O, lo que es lo mismo, las redes como I+D distribuido en lugar de escaparate.
Su sistema de validación fue casi un laboratorio continuo:
- Vídeos preguntando qué componentes necesitaba la gente (pantalla, sensores, portabilidad, ampliación…)
- Feedback en comentarios y encuestas.
- Iteración

La trampa del “sobredesarrollo”
Cuando escuchas tanto al usuario, aparece un riesgo real: querer meterlo todo.
Manuel lo reconoce: llega un punto en el que hay que poner límites para no sobredesarrollar. Y ahí toman decisiones con una filosofía clara:
- Querían modularidad, pero con límites: por ejemplo, eligen 20 pines, porque según su experiencia cubre el 80% de proyectos.
- Pantalla: podrían meter una enorme (les pedían 7”), pero eso rompería el concepto. En su lugar, tomaron la decisión de desarrollar un dispositivo portable de bolsillo y optar por una pantalla AMOLED como mejor opción en base a la propuesta de valor de la empresa.
El aprendizaje es práctico: escuchar al cliente no es obedecerle. Es filtrar con criterio.
Elegir por el cliente
Manuel describe una de las tareas más duras: ser “prescriptor”, es decir, elegir por el cliente la mejor opción.
En electrónica, para un componente (ej. sensor de rotación) hay decenas o cientos de alternativas. Su trabajo fue leer hojas técnicas, comparar y decidir en base a precio, fiabilidad y uso en comunidad educativa/maker. Un producto puede parecer “fácil de usar” pero eso no lo hace sencillo: es simple porque alguien hizo el trabajo complejo por ti.

El giro Lanzadera: foco + mejores decisiones
Kode venía de un perfil ingenieril, con poca base empresarial. Lanzadera les aporta aprendizaje de empresa, métricas, formaciones y algo muy concreto: resolver problemas rápido hablando con gente (“vamos a tomar un café y hablamos”).
Empezaron con la idea típica: “vamos a fabricar en China”. Pero al hablar con gente de Lanzadera que tenía experiencia, detectan que no era lo óptimo para su objetivo (calidad): idioma, cultura, complejidad y control. Deciden fabricar en España, visitando fábricas durante una semana para asegurar calidad y cercanía operativa (si pasa algo, puedes plantarte en 2–3 horas).
Además, Lanzadera les ayuda a decir “no” a oportunidades laterales (trabajos de ingeniería por encargo) para centrarse en una misión: sacar Kickstarter y dedicarle la atención que necesita.
Conclusiones
- Validar en público acelera. Redes sociales + feedback constante = producto que nace con mercado.
- Escuchar no es añadir. La diferencia entre buen producto y un “Frankenstein” es poner límites con una filosofía clara.
- El valor está en decidir por el cliente. Si tu producto “es fácil”, es porque alguien hizo el trabajo difícil (comparar, elegir, descartar).
- El foco se entrena diciendo NO. Oportunidades laterales hay muchas; crecer requiere obsesión por una misión.
- La fabricación no es solo coste: es control y calidad. Elegir España fue una decisión de estrategia, no de patriotismo.
- El dato final lo resume todo: de ~32 a 11.000 clientes en 3 meses.
¿Quieres dar el salto?
En Lanzadera buscamos empresas que quieran convertirse en referentes. Si ese es tu caso, queremos conocerte.









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